Introducción
"No creo en un Dios porque hay tanto mal y sufrimiento en el mundo." Este es un argumento que oÃmos frecuentemente. Se cree que la existencia del mal y del sufrimiento refuta la posibilidad de la existencia de Dios. ¿Hay una forma más sucinta de enunciar el argumento? Considere lo siguiente:
El argumento anti-teÃsta basado en el problema del mal reformulado:
No debe existir un Ser perfecto porque nuestro mundo es imperfecto
Tres Elementos IntrÃnsecos al Argumento
Al examinar el argumento, notamos algunas cosas que son verdaderas de la persona que lo presenta.
(1) La primera tiene algo que ver con el deseo. Es intrÃnseco a este argumento, para la persona que lo ofrece, el deseo de un mundo perfecto. Está [implÃcito] el deseo legÃtimo de parte del argumentador de un mundo libre de autos que explotan, de disparos a mansalva, terrorismo, plagas, injusticia, robos, hambre, racismo, defectos de nacimiento, desastres naturales y cosas parecidas.
(2) El segundo elemento intrÃnseco al argumento es éste: La persona que lo da puede imaginarse un mundo perfecto. Para el argumentador, hay un mundo imaginado que difiere de nuestro mundo real (el mundo "imperfecto" que genera la discusión). Este mundo imaginado es un mundo "perfecto" porque debe estar, por implicación del argumento, libre de todo lo que hace que este mundo sea imperfecto. Cualquier cantidad de mal y sufrimiento (aun una cantidad pequeña) podrÃa ser usada para argumentar en contra de un Dios perfecto que es un Gobernante perfecto del universo.
En consecuencia, el argumentador debe tener alguna idea de cómo serÃa un mundo perfecto. ("La razón por la que sé que hay un mundo imperfecto es que puedo imaginarme un mundo perfecto.") Si él/ella no la tuviera, entonces no serÃa usado como argumento un mundo imperfecto. Es el concepto mental de un mundo perfecto (yuxtapuesto al mundo imperfecto en el cual vivimos) que alimenta este argumento. "Puedo imaginarme un mundo perfecto. Este no es un mundo perfecto. Por lo tanto, un Ser perfecto no existe. Porque si tal Ser realmente existiera, éste serÃa un mundo perfecto."
(3) Debemos darnos cuenta que el argumento (mencionado al principio) muestra que la persona (el argumentador) realmente desea y puede imaginarse un mundo perfecto. Eso no es todo, porque el argumento también muestra que, según el argumentador, es posible un mundo perfecto.
Si yo dijera, "Yo no creo en buenos directores porque todas las pelÃculas que veo son malas," demuestra obviamente que creo que las buenas pelÃculas son posibles. Si no creyera que las buenas pelÃculas son posibles, tendrÃa que cambiar mi argumentación a, "No creo en buenos directores porque no son posibles las buenas pelÃculas." En relación al problema del mal, el argumento serÃa, entonces: "No creo en un Ser perfecto porque no es posible un mundo perfecto" - pero ése no es el argumento utilizado.
Si no fuera posible un mundo perfecto en la mente del argumentador, no serÃa presentado un mundo imperfecto como un argumento en contra de la existencia de Dios. El argumento gira alrededor de la existencia de nuestro mundo imperfecto, un contraste con un mundo más perfecto. SerÃa algo asà como decir, "No creo en Dios porque no hay triángulos de cuatro lados." Si sólo fuera posible un mundo imperfecto, Dios estarÃa siendo hecho responsable de una imposibilidad. Se esperarÃa que lograra un mundo perfecto, un mundo que no serÃa posible. Obviamente, según la implicación del argumento, el argumentador cree que es posible un mundo perfecto.
Al examinar el argumento en contra de la existencia de Dios debido a nuestro mundo imperfecto, descubrimos tres creencias significativas para los que presentan el argumento y que son intrÃnsecas al argumento mismo:
- Un mundo perfecto es deseable.
- Un mundo perfecto es imaginable.
- Un mundo perfecto es posible.
¿La Posibilidad de un Mundo Perfecto?
Debemos ponernos a pensar. ¿De dónde provienen este deseo, esta imaginación y esta creencia en la posibilidad? Podemos entender el deseo y la imaginación de un mundo perfecto. Lo que es más difÃcil de entender, sin embargo, es por qué pensarÃamos que es posible. Por ejemplo, podrÃa desear volar como un pájaro. Hasta podrÃa imaginarlo en mi mente. Pero ¿podrÃa pensar que serÃa posible? No. ¿Deseable? SÃ. ¿Imaginable? SÃ. ¿Posible? No.
No obstante, es ahà donde nos encontramos. Sea que las personas se den cuenta o no, cualquier argumento en contra de la existencia de Dios que use a nuestro mundo imperfecto como prueba sugiere que el argumentador piensa que un mundo perfecto es posible. Dios no serÃa cuestionado por una imposibilidad. En efecto, los argumentadores están diciendo, volviendo atrás al ejemplo anterior, "Un buen director [Dios] no debe existir porque no hay buenas pelÃculas [vivimos en un mundo imperfecto] - y porque creo en la posibilidad de buenas pelÃculas [la posibilidad de un mundo perfecto]."
La Gran IronÃa
A menudo, las personas que usan el problema del mal como argumento anti-teÃsta son también personas que creen que Dios es simplemente un invento de la mente humana. (Dios como invento es el punto de vista de la psicologÃa moderna y de gran parte de la filosofÃa.) Pero he aquà el truco: Sea que estas personas se den cuenta o no, están argumentando que es posible un mundo perfecto (está implÃcito en su argumentación, como se demuestra más arriba). Si un Ser perfecto es un invento de la mente humana, entonces ¿no lo serÃa también un mundo perfecto? Si es asÃ, entonces el argumento anti-teÃsta queda destrozado, se ha vuelto inerme, porque una premisa necesaria de la discusión - que un mundo perfecto es posible - es simplemente un invento humano.
En un mundo puramente materialista, uno donde no se necesita de un Dios, uno en que todo es causado por el azar fortuito más el tiempo, ¿por qué pensarÃa alguien que un mundo perfecto es posible? Y, sin embargo, eso es lo que piensa la gente. Eso es lo que piensan los ateos que usan el problema del mal como un argumento anti-teÃsta. Como hemos visto, el argumento gira alrededor de la posibilidad de un mundo perfecto. Sin ese posible mundo perfecto, estamos pidiéndole a Dios que sea responsable por una imposibilidad. ("No creo en Dios porque no hay triángulos de cuatro lados.")
Pero ¿acaso no es un mundo perfecto una aseveración igual de grandiosa como un Ser perfecto? PodrÃamos dar un paso más: ¿Acaso no es la aseveración del ateo (sea que se dé cuenta o no) que un mundo perfecto es posible todavÃa más escandalosa que la aseveración del teÃsta de que un Ser perfecto es posible? ¿Por qué, si todo es azar fortuito más tiempo, creerÃa alguien alguna vez que los volcanes, los huracanes y los otros desastres naturales, junto con los males causados por la humanidad, habrÃan de cesar alguna vez, ya que el universo es simplemente caótico? No obstante, el ateo que usa el problema del mal como un argumento anti-teÃsta está diciendo justamente eso: Un mundo no-caótico, no-malo es posible. Y, porque ese mundo es posible, el hecho que nuestro mundo no sea asà ahora es prueba de que no hay Dios. En esencia, lo que se está diciendo es lo siguiente, "Yo no creo que los buenos directores de pelÃcula existan, pero creo en la existencia de buenas pelÃculas." EsperarÃamos encontrar que un mundo perfecto sea parte de un paradigma teÃsta, pero no de un paradigma no-teÃsta. Y, sin embargo, para aquellos que usan el argumento anti-teÃsta mencionado más arriba, lo es.
¿Traerá la Evolución un Mundo Perfecto?
Alguien podrÃa argumentar que el mundo se está convirtiendo en una "buena pelÃcula" sin la necesidad de un "buen director" - que el mundo se volverá un mundo perfecto por su cuenta. Pero si uno mira las estadÃsticas, uno notará que nuestro mundo actual se está volviendo más caótico, no menos. No se está dirigiendo hacia la perfección, sino más bien se está alejando. El universo está en un estado de descomposición, no de auto-reparación. Y entre la humanidad hay más guerras, más hambre, más crÃmenes - a pesar del crecimiento del conocimiento y de la tecnologÃa.
La naturaleza ha demostrado ser mucho más poderosa que la humanidad. Cuando ocurren los desastres naturales, nuestra tecnologÃa no los puede impedir. Estamos teniendo más éxito en registrarlos y en predecirlos, pero no en inhibirlos. ¿Alguna vez tendremos suficiente conocimiento y tecnologÃa como para detener un tifón? ¿Podrá la humanidad alguna vez controlar los vientos? ¿Y qué de la naturaleza humana? A pesar de la tecnologÃa y el conocimiento crecientes, la humanidad sigue siendo tan malvada como siempre. Somos tan codiciosos y egoÃstas como siempre. La tecnologÃa simplemente nos da más herramientas para serlo. No nos impide ser asÃ. En cambio, nos da una capacidad mayor para ser destructivos.
Es una esperanza ciega creer que evolucionaremos hacia un mundo perfecto. Para lograrlo, nuestro mundo tendrÃa que lograr un dominio total sobre los desastres naturales y una erradicación total de todos los males de la naturaleza humana. Requiere fe creer en un Ser perfecto, pero ¿no requiere la misma cantidad de fe, o más, creer en un mundo perfecto generado humanamente, o en un mundo perfecto que nace del azar fortuito más tiempo?
La humanidad parece tener más que una conciencia de Dios. También tenemos una conciencia de un mundo perfecto. El uso generalizado del argumento anti-teÃsta para el problema del mal lo confirma. En general, la humanidad desea, puede imaginar y cree en la posibilidad de un mundo perfecto. Si la evolución y la humanidad no pueden conducirnos a ese mundo perfecto, nos quedamos sin llegar ahÃ, o llegamos mediante el poder de un Ser perfecto.
Creenias del Corazón vs. Creencias de la Mente
¿Es posible que el ateÃsmo, el agnosticismo y aun el panteÃsmo no comiencen con la filosofÃa humana? ¿Sino más bien con la elección humana? En otras palabras, nuestras creencias acerca de Dios comienzan en nuestra voluntad, no en nuestro intelecto.
Cuando Pablo (en su carta a los Romanos) hablaba del evangelio cristiano, decÃa que debÃa ser creÃdo en el corazón. Es interesante que omitió mencionar la mente en relación con el evangelio. En el pensamiento bÃblico, el corazón es el asiento no sólo de las emociones sino de la voluntad. ¿PodrÃa haber querido decir Pablo que creer en nuestros "corazones" es de alguna forma diferente de creer en nuestras mentes?
Es posible que todos los humanos nazcan como teÃstas. Llegamos al mundo creyendo naturalmente en la existencia de Dios. Para muchos, sin embargo, eso cambia cuando crecemos. ¿Por qué ese cambio?
Cuando somos niños, tenemos un sistema de creencias algo desprejuiciado. Al crecer, esas creencias cambian mediante el prejuicio. Lo que comenzó (cuando éramos jóvenes) como una creencia natural en nuestras mentes "pasa" por nuestros corazones y vuelve de nuevo a nuestras mentes. Es en nuestros corazones (el asiento de la voluntad) donde podemos escoger creer en algo o no. Aun si hemos creÃdo en Dios en nuestras mentes y corazones cuando éramos niños, mediante nuestra propia elección podemos decidir descreer en Dios más adelante. Esta creencia de corazón entonces afecta nuestro intelecto y se vuelve una creencia intelectual. Este ciclo de descreimiento - que comienza en el corazón y que luego se dirige hacia la mente - creo que se encuentra en gran medida en relación a la existencia de Dios. Las personas escogen no creer en Dios. En otras palabras, el rechazo de Dios es inicialmente volitivo y luego se vuelve intelectual.
¿Por Qué las Personas Escogen No Creer en Dios?
Hay numerosas razones intelectuales para no creer en una versión teÃsta de Dios: el naturalismo, el panteÃsmo, el deÃsmo, el problema del mal y otros. Estas, dirÃa yo, sin embargo, son razones secundarias. Debido a que nuestras creencias acerca de Dios (como adultos) comienzan en nuestros corazones y luego influyen en nuestras mentes, las razones mencionadas anteriormente para no creer son secundarias ya que vienen después de otra creencia. La creencia primera es una que nace en el corazón. Es una elección de no creer.
¿Cuál es la principal razón para esta falta de fe? Yo creo que la respuesta es la deidad humana. Queremos ser Dios/dioses. Reconocer al Dios, sin embargo, significa una usurpación de nuestra propia "deidad." Subconscientemente, lo sabemos. Subconscientemente, entendemos que una relación con el Dios verdadero resultará en sujeción, y no queremos ser súbditos, sólo queremos ser reyes. Asà que, en vez de tener una relación con el verdadero Rey y convertirnos por lo tanto en súbditos, escogemos permanecer como reyes nosotros. Esta elección es, inicialmente, una traición a nuestras creencias intelectuales (comenzamos con la creencia en Dios); sin embargo, después que se ha hecho la elección de corazón, nuestras creencias intelectuales comienzan a cambiar. Asumimos nuevas creencias intelectuales para corroborar la elección de nuestros corazones de rechazar a Dios.
Aun la teologÃa de obras (la idea de que podemos ganarnos la salvación por medio de las obras) es un intento de la deidad humana. En esencia, es aseverar que estamos al nivel de Dios. Nos merecemos el cielo porque somos lo suficientemente buenos para tenerlo. Dios no podrÃa ni siquiera pensar en dejarnos fuera. Somos demasiado esenciales. Somos Sus pares. Somos Dios/dioses. Pertenecemos ahÃ. La reencarnación, también, es una forma de teologÃa de obras. La creencia es que, dada la suficiente cantidad de vidas, lograremos con el tiempo la salvación. Con el tiempo, seremos lo suficientemente buenos como para el paraÃso. Dios habÃa dejado en claro, sin embargo, que podemos ser lo suficientemente buenos para Él sólo mediante Él (Cristo/la Cruz), no sin Él.
ParaÃso, No Dios
Los seres humanos a menudo quieren un paraÃso pero no a Dios. Trabajaremos por un lugar en Su cielo pero no queremos conocerlo a Él. Queremos el cielo, pero no queremos tener nada que ver con su principal Residente. ¿Por qué? Porque entonces nuestra propia "deidad" se verÃa usurpada. Cuando Dios dice, "Dejen de trata de ganarse el cielo y sólo acepten mi regalo de la salvación y lleguen a conocerme," nosotros contestamos (mediante una elección de nuestros corazones), "No quiero conocerte a Ti, pero sà quiero los beneficios de Tu hogar, asà que voy a tratar de continuar tratando de ganarme Tu favor. De esa forma retendré mi propio carácter de rey y todavÃa seguiré recibiendo los placeres del paraÃso." La historia de Adán y Eva lo confirma. QuerÃan el paraÃso pero no a Dios, y querÃan convertirse en Dios.
El problema del argumento anti-teÃsta del problema del mal es simplemente más de lo mismo. Aquellos que subconscientemente desean, pueden imaginarse y creen en la posibilidad de un mundo perfecto (el cielo) igual rechazarán a Aquél que lo ofrece y sin Quien no es posible. El problema del argumento anti-teÃsta del problema del mal muestra que una persona quiere el paraÃso pero no a Dios. Y asÃ, en un intento por "mantener el trono," las personas escogen descreer en Dios en sus corazones (la principal razón para la falta de fe) y reunir luego una munición mental para esta elección. Esta munición intelectual toma la forma de cualquier cantidad de razones (razones secundarias) para no creer en Dios (el argumento anti-teÃsta del problema del mal es sólo un ejemplo). Estas cortinas de humo son simplemente una justificación de una decisión previa de rechazar a Dios y, en consecuencia, "seguir siendo rey."
El ParaÃso Encontrado
La ironÃa está en que el Dios de la Biblia ofrece compartir Su realeza con aquellos que se sujetan a Él. Al sujetarnos al Rey nos convertimos en co-gobernantes sobre el universo. Cuando lo rechazamos, sin embargo, si bien tal vez podamos seguir siendo reyes en cierto sentido, nuestro "universo" es muy pequeño.
Además, sólo aquellos que se sujetan al Rey obtienen el paraÃso. Aquellos que quieren seguir siendo reyes, aunque puedan desear, imaginar y creer en la posibilidad de un mundo perfecto, no lo experimentarán. Dios ha dejado en claro (bÃblicamente) que aquellos que lo rechacen no obtienen el paraÃso - y no tendrÃamos que esperar que fuera distinto. ¿Por qué dejarÃa alguien que uno viva en Su hogar (para siempre) si Él supiera que uno lo odiaba secretamente? Él sabe que aunque uno pudiera pensar que quiera Su paraÃso, no serÃa paraÃso para uno. Todo en el paraÃso le harÃa acordar de Él. Todo en el paraÃso le recordarÃa de un Rey que está pugnando por su trono. En este caso no serÃa el cielo sino más bien una especie de infierno.
C. S. Lewis creÃa que al final sólo habrÃa dos grupos en la humanidad: 1) aquellos que le dicen (o le hayan dicho) a Dios, "Tu voluntad sea hecha"; y 2) aquellos a quienes Dios les dice, "Tu voluntad sea hecha."
El evangelio de Cristo es la prueba decisiva de Dios para determinar en cuál bando caeremos. El mensaje de Cristo es que podemos ser reconciliados con Dios mediante Cristo, mediante su muerte sacrificial y mediante nuestra confianza en esa muerte sacrificial. El evangelio cristiano es altamente racional. Es una declaración que el Ser perfecto sólo es capaz de una relación perfecta. Logramos esa relación perfecta con Él mediante un apoderado, mediante la obra de otro (Cristo).
El problema surge, sin embargo, no por la base lógica de este mensaje de evangelio sino sobre el desenlace si uno cree en él. Los seres humanos saben implÃcitamente que la otra cara del perdón es la reconciliación con Dios; pero muchos de nosotros, tal vez la mayorÃa de nosotros, no queremos ser reconciliados con Dios. La reconciliación significa la usurpación de nuestro trono, asà que ¿por qué tendrÃamos que estar interesados en el perdón de pecados? No queremos ser perdonados porque no queremos el resultado de ese perdón. No queremos paz con Dios principalmente porque no lo queremos a Dios. Por lo tanto, la cruz de Cristo pierde su significado. Tiene significado sólo para aquellos que ya han decidido renunciar a su propio carácter de reyes y a su "deidad," y que entonces son liberados para sujetarse ante Quien es el verdadero Dios y Rey.
Traducción: Alejandro Field