La pornografÃa está destrozando la trama misma de nuestra sociedad. Sin embargo, los cristianos a menudo ignoran su impacto y se muestran indiferentes ante la necesidad de controlar esta amenaza.
La pornografÃa es un negocio de 8.000 millones de dólares al año, muy vinculado con el crimen organizado. [1] La paga del pecado es enorme cuando está involucrada la pornografÃa. Los proveedores de la pornografÃa cosechan vastas ganancias a través de ventas en las llamadas "librerÃas para adultos" y la exhibición de pelÃculas y actos vivos en teatros.
La pornografÃa involucra libros, revistas, vÃdeos y accesorios, y se ha trasladado desde la periferia de la sociedad hacia su centro, mediante el alquiler de vÃdeos, venta de revistas de "pornografÃa suave" y la difusión de pelÃculas sexualmente explÃcitas en la televisión por cable. Para algunos, la pornografÃa no significa más que mujeres con poca ropa en poses seductoras. Pero la pornografÃa se ha convertido en mucho más que fotografÃas de mujeres desnudas.
Hay más de 900 teatros que exhiben pelÃculas pornográficas y más de 15.000 librerÃas "para adultos" y tiendas de vÃdeos que ofrecen material pornográfico. Las librerÃas para adultos exceden en más de tres veces el número de restaurantes McDonald en Estados Unidos. [2] En 1985, se distribuyeron casi 100 pelÃculas pornográficas de largometraje en teatros "para adultos," brindando unas ventas de boleterÃa anuales estimadas de 50 millones de dólares. [3]
Definiciones
La Comisión Acerca de la PornografÃa del Fiscal del Estado de 1986 definió la pornografÃa como material que "es predominantemente explÃcito sexualmente y con la intención principal de la excitación sexual." La pornografÃa "dura" (hard-core) es "sexualmente explÃcita en el extremo, y está desprovista de todo otro contenido o propósito." [4]
Otra cuestión importante es la definición de obscenidad. La definición actual de obscenidad se encuentra en el caso de Miller contra el estado de California, de 1973: "Según el caso Miller, un material es obsceno si se cumple cada una de las siguientes tres condiciones:
- La persona promedio, aplicando normas contemporáneas de la comunidad, encontrarÃa que la obra, tomada como un todo, apela a los intereses lascivos.
- La obra retrata o describe, en una forma abiertamente ofensiva, una conducta sexual definida explÃcitamente por la ley aplicable del estado (o federal), y
- La obra considerada como un todo carece de un valor serio, artÃstico, polÃtico o cientÃfico. [5]
Tipos de pornografÃa
El primer tipo de pornografÃa son las revistas para adultos. Estas están dirigidas principalmente, pero no exclusivamente, a un público masculino adulto. Las revistas de mayor difusión (por ejemplo, Playboy, Penthouse) no violan la norma Miller de obscenidad y, por lo tanto, pueden ser distribuidas legalmente. Pero otras revistas que sà violan estas normas están fácilmente disponibles en muchas librerÃas para adultos.
El segundo tipo de pornografÃa son los cassettes de vÃdeos. Estos se alquilan o venden en librerÃas para adultos y se han convertido en una industria en crecimiento para la pornografÃa. Hay personas que jamás entrarÃan a una librerÃa o un teatro para adultos para ver una pelÃcula pornográfica pero consiguen estos vÃdeos a través de librerÃas o por correo para verlos en la intimidad de sus hogares. En general, estos vÃdeos exhiben un alto grado de pornografÃa dura y actos ilegales.
El tercer tipo de pornografÃa son las pelÃculas. Las normas de calificación se han ido flexibilizando, y hay muchas pelÃculas pornográficas que se exhiben y distribuyen con una calificación de R y NC-17. Muchas de estas pelÃculas con una calificación de "R duro" hubieran sido consideradas obscenas sólo una década atrás.
Un cuarto tipo de pornografÃa es la televisión. Como ocurre en las pelÃculas, las normas para la televisión comercial han ido bajando continuamente. Pero la televisión por cable presenta una amenaza aún mayor. La FCC no regula el cable de la misma forma que hace con las estaciones de acceso público. Como los vÃdeos, la televisión por cable brinda a la persona promedio un fácil acceso al material pornográfico. Hay personas que jamás irÃan a una librerÃa para adultos que ahora pueden ver el mismo material sexualmente explÃcito en la intimidad de sus hogares, lo cual convierte a la televisión por cable en el "el mejor envoltorio de papel común."
Un quinto tipo de pornografÃa es la "ciberpornografÃa." Imágenes y pelÃculas de pornografÃa dura, chats en lÃnea, y aun actos sexuales en vivo pueden ser bajados y vistos por prácticamente cualquier persona a través de Internet. Se pueden encontrar imágenes sexualmente explÃcitas en páginas Web y en grupos de noticias que son demasiado fáciles de ver para personas de cualquier edad. Lo que sólo estaba disponible para una pequeña cantidad de personas dispuestas a ir al sector malo de la ciudad, ahora puede ser visto en cualquier momento en la intimidad del propio hogar.
Un tipo final de pornografÃa es la "audiopornografÃa." Esto incluye las "pornollamadas," que son el segundo mercado de mayor crecimiento de la pornografÃa. Si bien la mayorÃa de los mensajes están dentro de la definición de obscenidad de Miller, estos negocios siguen floreciendo y a menudo son usados en gran parte por niños.
Según Henry Boatwright (Presidente de la Junta Asesora de Problemas Sociales de Estados Unidos), aproximadamente el 70 por ciento de las revistas pornográficas que se venden terminan en manos de menores. Women Against Pornography (Mujeres Contra la PornografÃa) estima que alrededor de 1,2 millones de niños son explotados anualmente en el sexo comercial (pornografÃa y prostitución infantil).
Efectos psicológicos
El psicólogo Edward Donnerstein (University of Wisconsin) encontró que una breve exposición a formas violentas de pornografÃa pueden llevar a actitudes y comportamientos antisociales. Los espectadores varones tienden a ser más agresivos hacia las mujeres, menos sensibles al dolor y al sufrimiento de las vÃctimas de violaciones, y mucho más dispuestos a aceptar varios mitos acerca de la violación. [6]
Los investigadores han encontrado que la pornografÃa (especialmente la pornografÃa violenta) puede producir un conjunto de efectos indeseables, como la violación y la coerción sexual. EspecÃficamente, encontraron que esta exposición puede llevar a un mayor uso de la coerción o la violación, [7] un aumento de las fantasÃas acerca de la violación, [8] y una desensibilización ante la violencia sexual y una trivialización de la violación. [9]
En un intento por aislar el papel de la violencia como algo diferente del sexo en las situaciones inducidas por la pornografÃa, James Check (York University in Canada) llevó a cabo un experimento donde los hombres eran expuestos a diferentes grados de pornografÃa, algunos violentos y algunos no. Todos los grupos exhibieron el mismo cambio de actitud, a saber una mayor inclinación a usar la fuerza como parte del sexo. [10]
En un estudio, los investigadores Dolf Zillman y Jennings Bryant investigaron los efectos de la pornografÃa no violenta en la crueldad sexual y en la trivialización de la violación. Demostraron que la exposición continua a la pornografÃa tenÃa efectos adversos sobre las creencias acerca de la sexualidad en general y sobre las actitudes hacia las mujeres en particular. También encontraron que la pornografÃa desensibiliza a las personas hacia la violación como una ofensa criminal. [11] Estos investigadores encontraron también que la exposición masiva a la pornografÃa alienta un deseo por materiales cada vez más aberrantes que involucran violencia (sadomasoquismo y violación). [12]
Dolf Zillman midió el impacto de ver pornografÃa en los puntos de vista de los sujetos acerca de lo que constituye una práctica sexual normal. El grupo que vio la mayor cantidad de pornografÃa dio estimaciones mucho más altas de la incidencia del sexo oral, el sexo anal, el sexo grupal, el sadomasoquismo y la bestialidad que los otros dos grupos. [13]
Un estudio demostró que la pornografÃa puede disminuir la felicidad sexual de una persona. [14] Los investigadores encontraron que las personas que estuvieron expuestas a la pornografÃa no violenta informaron una menor satisfacción con la apariencia fÃsica, el afecto, la curiosidad y el desempeño sexual de su pareja sexual. También estaban más inclinadas a asignar una mayor importancia al sexo sin un compromiso emocional.
En un estudio que cubrió todo el paÃs, los investigadores Larry Baron y Murray Strauss, de University of New Hampshire, encontraron una fuerte correlación estadÃstica entre el nivel de distribución de revistas pornográficas y el nivel de violaciones. [15] Encontraron que en estados de alto nivel de circulación el nivel de violaciones también eran alto. Y en estados con bajo nivel de circulación, el nivel de violaciones tendÃa a ser bajo también.
Por supuesto, una correlación estadÃstica no prueba que la pornografÃa provoque violaciones. Ciertamente no todo el que consume pornografÃa se convierte en un violador. Y es posible que la violación y el consumo de pornografÃa estén relacionados sólo indirectamente a través de otros factores, como la permisividad social y actitudes machistsas entre los hombres. De hecho, Baron y Strauss llegaron a examinar algunos de estos factores en su estudio y no encontraron ninguna correlación significativa.
Otros estudios posteriores han tenido resultados similares. Los investigadores de Ohio State University, Joseph Scott (un hombre que testifica frecuentemente a favor de pornógrafos en los tribunales) y Loretta Schwalm, examinaron aún más factores que Baron y Strauss (incluyendo la circulación de revistas no sexuales) y no pudieron eliminar la correlación entre la pornografÃa y las violaciones. [16]
El detective de la policÃa estatal de Michigan , Darrell Pope, encontró que en el 41 por ciento de los 38.000 casos de ataques sexuales en Michigan (1956-1979), se vio material pornográfico justo antes o durante el crimen. Esto encaja con la investigación hecha por el psicólogo David Scott, que encontró que "la mitad de los violadores usaron pornografÃa para excitarse justo antes de buscar una vÃctima." [17]
Efectos sociales
Definir los efectos sociales de la pornografÃa ha sido difÃcil, debido a algunas de las teorÃas imperantes acerca de su impacto. Un punto de vista dice que en realidad cumple una función positiva al actuar como una "válvula de escape" para los potenciales agresores sexuales.
El proponente más famoso de este punto de vista era Berl Kutchinsky, un criminólogo de la Universidad de Copenhague. Su famoso estudio sobre la pornografÃa encontró que cuando el gobierno danés levantó las restricciones sobre la pornografÃa, la cantidad de crÃmenes sexuales disminuyó. [18] Su teorÃa era que la disponibilidad de pornografÃa descomprime impulsos sexuales peligrosos. Pero cuando los datos de su teorÃa de la "válvula de escape" fueron evaluados más extensamente, comenzaron a ponerse en evidencia muchas de las fallas de su investigación.
Por ejemplo, Kutchinsky no distinguió entre diferentes tipos de crÃmenes sexuales (por ejemplo, violación, exhibicionismo, etc.) y, en cambio, los metió todos en la misma bolsa. Esto en la realidad enmascaró un aumento en las estadÃsticas de violaciones. Tampoco tomó en consideración que la mayor tolerancia hacia ciertos crÃmenes (por ejemplo, la desnudez pública, el sexo con menores) puede haber contribuido a una disminución de crÃmenes denunciados.
Probar la relación de causa y efecto en la pornografÃa es prácticamente imposible porque éticamente los investigadores no pueden hacer cierto tipo de investigaciones. El investigador Dolf Zillman dice: "Los hombres no pueden ser colocados en riesgo de desarrollar inclinaciones violentas mediante una gran exposición a la pornografÃa violenta o no violenta, y las mujeres no pueden colocarse en riesgo de convertirse en vÃctimas de dichas inclinaciones." [19]
Deborah Baker, una asistente legal y directora ejecutiva de un grupo contra la obscenidad, concuerda que probar contundentemente una conexión entre la pornografÃa y el crimen serÃa muy difÃcil:
El argumento de que no hay estudios reconocidos que muestren una conexión entre la pornografÃa y el crimen violento es simplemente una cortina de humo. Quienes promueven esta postura saben bien que nunca se hará esta investigación. ExigirÃa hacer un muestreo de mucho más de mil varones que estén expuestos a la pornografÃa a lo largo de la pubertad y la adolescencia, mientras que el otro grupo es aislado totalmente de su influencia en todas sus formas y diversos grados. Luego, cada grupo tendrÃa que ser monitoreado durante la realización de los crÃmenes violentos, si los realizan. Sin embargo, y a pesar de la falta de una investigación formal, las propias estadÃsticas del FBI muestran que la pornografÃa se encuentra en el 80 por ciento de los escenarios de crÃmenes sexuales violentos, o en los hogares de los perpetradores. [20]
No obstante, hay varias estadÃsticas convincentes que sugieren que la pornografÃa sà tiene consecuencias sociales profundas. Por ejemplo, de los 1400 casos de acoso sexual infantil en Louisville, Kentucky, entre julio de 1980 y febrero de 1984, la pornografÃa adulta estaba relacionada con cada incidente y la pornografÃa infantil con la mayorÃa de ellos. [21] Las extensas entrevistas con los infractores sexuales (violadores, infractores en casos de incesto, agresores sexuales infantiles) han evidenciado un importante porcentaje de infractores que usan la pornografÃa para excitarse antes o durante sus ataques. [22] Los oficiales de policÃa han visto el impacto que ha tenido la pornografÃa en los asesinatos en serie. De hecho, el consumo de pornografÃa es una de las caracterÃsticas de perfil más comunes de los asesinos en serie y los violadores. [23]
El profesor Cass Sunstein, escribiendo en Duke Law Journal, dice que algunos actos sexuales violentos contra mujeres "no habrÃan ocurrido si no hubiera habido una circulación tan masiva de pornografÃa." Luego de citar datos transculturales, concluye:
La liberalización de las leyes sobre la pornografÃa en Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia y los paÃses escandinavos ha sido acompañada por un aumento en el nivel de violaciones denunciadas. En los paÃses donde las leyes sobre la pornografÃa no han sido liberalizadas, ha habido un crecimiento menos marcado en las violaciones denunciadas. Y en los paÃses donde se han adoptado restricciones, las violaciones denunciadas han disminuido. [24]
En su introducción a una reedición del Informe Final de la Comisión sobre la PornografÃa del Fiscal del Estado, el columnista Michael McManus señaló que:
El FBI entrevistó a dos docenas de asesinos sexuales en la cárcel que habÃan cometido múltiples asesinatos. Un ochenta y un por ciento dijo que su mayor interés sexual estaba en la lectura de pornografÃa. Representaban fantasÃas sexuales en personas reales. Por ejemplo, Arthur Gary Bishop, condenado por abusar sexualmente y matar a cinco niños pequeños, dijo: "Si en mis primeras etapas no hubiera tenido a mi disposición material pornográfico, es muy probable que mis actividades sexuales no hubiera escalado al nivel que alcanzaron." Dijo que el impacto de la pornografÃa en él fue "devastador . . . Soy un homosexual pedófilo condenado por asesinato, y la pornografÃa fue un factor determinante en mi ruina." [25]
El Dr. James Dobson entrevistó a Ted Bundy, uno de los asesinos en serie más notorios de esta nación. El dÃa antes de su ejecución, Ted Bundy dijo que "las formas más dañinas de pornografÃa son aquellas que involucran la violencia y la violencia sexual. Porque la combinación de estas dos fuerzas, algo que conozco demasiado bien, genera un comportamiento que es simplemente demasiado terrible para describir." [26]
La censura y la libertad de expresión
Los intentos por regular y proscribir la pornografÃa dentro de la comunidad frecuentemente son criticados como censura y una violación de la Primera Enmienda. Pero la Corte Suprema afirmó claramente, en el caso Roth contra Estados Unidos (1957) que la obscenidad no estaba protegida por la Primera Enmienda. Las leyes federales, estatales y locales son aplicables a la venta, exhibición, distribución y difusión de la pornografÃa. Por lo tanto, el material pornográfico puede ser prohibido si cumple con la definición legal de obscenidad.
La Corte Suprema ha dictaminado, en el caso Miller contra el estado de California (1973), que una definición legal de obscenidad debe cumplir con la prueba triple que hemos discutido previamente. Si apela al interés lascivo, es abiertamente ofensivo y carece de valor serio (artÃstico, etc.), entonces el material es considerado obsceno y es ilegal.
Además, la Corte Suprema dictaminó, en el caso Paris Adult Theater contra Slaton (1973), que al material definido legalmente como obsceno no le corresponde la misma protección como la libre expresión en la Primera Enmienda. La corte dictaminó que aun cuando las pelÃculas obscenas se exhiban ante "adultos anuentes," esto nos les da inmunidad de la ley.
En el caso del estado de Nueva York contra Ferber (1982), la Corte Suprema dictaminó que la pornografÃa infantil no estaba protegida por la Primera Enmienda, aun cuando no fuera definida legalmente como obscena según su prueba triple. Dado que los niños no pueden consentir legalmente a la relaciones sexuales, la pornografÃa infantil constituye abuso sexual. El Congreso también aprobó el Acta de Protección Infantil en 1984 que brindaba restricciones más severas contra la pornografÃa infantil.
La televisión por cable no está regulada actualmente, ya que técnicamente no está haciendo "difusión" (broadcasting) según lo define el Federal Communications Act. Por lo tanto, la televisión por cable puede pasar pelÃculas pornográfica en forma prácticamente impune. Es necesario enmendar el Acta del FCC para que el FCC pueda regular la televisión por cable.
La perspectiva bÃblica
Dios creó a los hombres y mujeres a su imagen (Gn.1:27), como seres sexuales. Pero, debido al pecado en el mundo (Ro. 3:23), el sexo ha sido mal usado y abusado (Ro. 1:24-25).
La pornografÃa ataca la dignidad de los hombres y mujeres creados a la imagen de Dios. La pornografÃa también distorsiona el don del sexo de Dios, que sólo debe ser compartido dentro de los lÃmites del matrimonio (1 Co. 7:2-3). Cuando la Biblia se refiere a los órganos sexuales humanos, suele usar eufemismos y lenguaje indirecto. Si bien hay algunas excepciones (a veces se mencionan los pechos y el vientre de la mujer), en general las Escrituras mantienen una modestia básica con relación a los órganos sexuales del hombre y la mujer.
Además, las Escrituras condenan especÃficamente las prácticas resultantes de la pornografÃa, como el exhibicionismo (Gn. 9:21-23), el adulterio (Lv. 18:20), la bestialidad (Lv. 18:23), la homosexualidad (Lv. 18:22 y 20:13), el incesto (Lv. 18:6-18) y la prostitución (Dt. 23:17-18).
Una perspectiva bÃblica de la sexualidad humana debe reconocer que las relaciones sexuales están reservadas exclusivamente para el matrimonio y para los siguientes propósitos. Primero, establece la unión de una sola carne (Gn. 2:24-25; Mt. 19:4-6). Segundo, brinda intimidad sexual dentro del vÃnculo matrimonial. El uso de la palabra "conocer" indica un significado profundo de las relaciones sexuales (Gn. 4:1). Tercero, las relaciones sexuales son para el placer mutuo del esposo y la esposa (Pr. 5:18-19). Cuarto, las relaciones sexuales son para la procreación (Gn. 1:28).
La Biblia advierte también acerca del uso indebido del sexo. Condena el sexo prematrimonial y extramatrimonial (1 Co. 6:13-18; 1 Ts. 4:3). Aun los pensamientos acerca de la inmoralidad sexual (a menudo alimentados por el material pornográfico) son condenados (Mt. 5:27-28).
Por otra parte, los cristianos deben darse cuenta que la pornografÃa puede tener efectos dañinos considerables en el usuario. Estos incluyen: una mentalidad de comparación, una sexualidad orientada hacia el desempeño, una sensación de que sólo las cosas prohibidas son satisfactorias sexualmente, una culpa creciente, una autoestima disminuida, y un pensamiento obsesivo.
Por lo tanto, los cristianos deben hacer dos cosas. Primero, deben trabajar para mantenerse puros huyendo de la inmoralidad (1 Co. 6:18) y pensando sólo en aquellas cosas que son puras (Fil. 4:8). "Cual es el pensamiento en su corazón, tal es él" (Pr. 23:7). La pornografÃa alimenta el deseo sexual en formas anormales y puede llevar, con el tiempo, a más perversión degradante. Por lo tanto, debemos "abstenernos de los deseos carnales que batallan contra el alma" (1 P. 2:11). Segundo, los cristianos deben trabajar para quitar la perversión sexual de la sociedad.
Pasos para combatir la pornografÃa
Primero, los padres deben enseñar un punto de vista sano y bÃblico del sexo a sus hijos. Pueden obtenerse ayudas útiles de grupos como Enfoque a la Familia y los ministerios de Josh McDowell.
Segundo, debemos evaluar nuestra exposición a los medios (revistas, programas de televisión, música rock) que tienen temas sexuales inconvenientes. Los padres deben dar un ejemplo positivo para sus hijos, y deben tomar tiempo para discutir estas historias, programas y canciones con ellos.
Tercero, los pastores deberÃan advertir a sus congregaciones acerca de los peligros de la pornografÃa e instruirles en una visión correcta de la sexualidad. Como José, en el Antiguo Testamento, deberÃamos huir de la inmoralidad que puede inducirnos a pecar. También deben darse mensajes para construir un fuerte hogar cristiano.
Cuarto, los padres deberÃan bloquear la ciberpornografÃa mediante programas. Hay muchos servicios comerciales, además de programas especiales, que pueden filtrar y bloquear áreas que los niños pueden tratar de investigar. Estos programas bloquean sitios fuertemente sexuales en Internet y pueden detectar una frase ofensiva que puede ser usada en una sala de chat (ver el artÃculo de Probe, "The Internet," para una discusión sobre programas de filtrado.) Los padres también deberÃan intentar estar cerca de sus hijos cuando están en Internet y hacerles preguntas acerca de la computación en lÃnea. El uso intensivo hasta altas horas de la noche puede estar indicando un problema.
Quinto, los cristianos individuales deberÃan involucrarse con un grupo de decencia local que esté organizado para combatir la pornografÃa. Estos grupos han sido eficaces en muchos lugares para librar a sus comunidades de la plaga de la pornografÃa.
Sexto, debemos expresar nuestra preocupación a los funcionarios locales (mediante cartas y peticiones) acerca de cines y librerÃas para adultos en la comunidad.
Siete, si recibimos material pornográfico por correo, debemos informarlo a nuestro correo y solicitar que los agentes federales tomen acción. Finalmente no auspicie negocios que venden material pornográfico. Piense en la posibilidad de hacer un boicot o manifestaciones para lograr que la comunidad tome conciencia del problema.
Notas
1. Report of the Attorney General's Task Force on Family Violence, U.S. Department of Justice, Washington, D.C., 112.
2. "Effect of Pornography on Women and Children," U.S. Senate Judiciary Committee, Subcommittee on Juvenile Justice, 98th Congress, 2nd Session, 1984, 227.
3. "The War Against Pornography," Newsweek, 18 March 1985, 60.
4. Final Report of the Attorney General's Commission on Pornography, ed. Michael McManus (Nashville, Tenn.: Rutledge Hill Press, 1986), 8.
5. Ibid.
6. Edward Donnerstein, "Pornography and Violence Against Women," Annals of the New York Academy of Science, 347 (1980), 277-88.
7. Edward Donnerstein, "Pornography: Its Effects on Violence Against Women," in Malamuth and Donnerstein, eds., Pornography and Sexual Aggression (New York: Academic Press, 1984).
8. Neil Malamuth, "Rape Fantasies as a Function of Repeated Exposure to Sexual Violence," Archives of Sexual Behavior, 10 (1981): 33-47.
9. Linz, Donnerstein, and Penrod, "The Effects of Multiple Exposures to Filmed Violence Against Women," Journal of Communication, 34 (1984): 130-47.
10. James Check, "The Effects of Violent and Nonviolent Pornography," Department of Justice, Ottawa, Canada, submitted June 1984.
11. Dolf Zillman and Jennings Bryant, "Pornography, Sexual Callousness, and the Trivialization of Rape," Journal of Communication, 32 (1982): 10 21.
12. Zillman, Bryant, Carveth, "The Effect of Erotica Featuring Sadomasochism and Beastiality of Motivated Inter-Male Aggression," Personality and Social Psychology Bulletin, 7 (1981): 153-59.
13. Dolf Zillman, "Effects of Prolonged Consumption of Pornography," a paper prepared for the Surgeon General's Workshop on Pornography and Public Health, Arlington, Va., 22-24 June 1986.
14. Dolf Zillman and Jennings Bryant, "Pornography, Sexual Callousness, and the Trivialization of Rape," Journal of Communications 32(1982): 15.
15. Larry Baron and Murray Strauss, "Legitimate Violence and Rape: A Test of the Cultural Spillover Theory," Social Problems 34 (December 1985).
16. Joseph Scott and Loretta Schwalm, "Rape Rates and the Circulation Rates of Adult Magazines," Journal of Sex Research, 24 (1988): 240-50.
17. David Alexander Scott, "How Pornography Changes Attitudes," in Pornography: The Human Tragedy, ed. Tom Minnery (Wheaton, Ill.: Tyndale House Publishers).
18. Berl Kutchinsky, "The Effect of Easy Availability of Pornography on the Incidence of Sex Crimes: The Danish Experience," Journal of Social Issues, 29 (1973): 163-81.
19. Dolf Zillman, "Pornography Research and Public Policy," in Dolf Zillman and Jennings Bryant, eds., Pornography: Research Advances and Policy Considerations (New York: Academic Press, 1989), 387-88.
20. Deborah Baker, "Pornography Isn't Free Speech," Dallas Morning News, 17 March 1989, Op. Ed. Page.
21. Testimony by John B. Rabun, deputy director, National Center for Missing and Exploited Children, before the Subcommittee on Juvenile Justice of the Senate Judiciary Committee, 12 September 1984.
22. W. Marshall, "Pornography and Sex Offenders," in Dolf Zillman and Jennings Bryant, eds.,Pornography: Research Advances and Policy Considerations (New York: Academic Press, 1989).
23. "The Men Who Murdered," FBI Law Enforcement Bulletin, August 1985.
24. Cass R. Sunstein, "Pornography and the First Amendment," Duke Law Journal, September 1986, 595ff.
25. Final Report, ed. McManus, xvii.
26. Interview with Dr. James Dobson with Ted Bundy in Starke, Florida, on 23 January 1989.
Traducción: Alejandro Field
© 2002, Probe Ministries.