Apocalipsis: Nuevos cielos y nueva tierra

R. A. Taylor


Ross A Taylor nació en 1955 en Inglaterra. Es soltero y vive en Inglaterra aproximadamente unos 5 meses al año. Tiene un título en Física de la Universidad de York (1973-1976), seguido por tres años de estudios de postgrado en combustión de petróleo combustible pesado. Trabaja como ingeniero de software y de procesos en la industria del cemento, viajando por el mundo 7 meses al año. Ha trabajado en 20 países. La mayor parte del comentario sobre Apocalipsis fue escrito cuando estaba en el exterior, especialmente en Corea del Sur. Como resultado de su trabajo, visitó la India y coleccionó pinturas en miniatura indias y comenzó a apoyar una escuela bíblica en ese país. Se convirtió bajo el ministerio de David Watson, en 1973, mientras estaba en la universidad., y es de orientación básicamente carismática (grupos caseros) aunque más conservador teológicamente. Entre sus pasatiempos e intereses se encuentran: Internet, la Biblia, temas cristianos actuales (creación, ex homosexuales), fotografía (vea sus fotografías de viajes a Bali y EE.UU.) y cálculos actuariales. Tiene una excelente colección de sellos victorianos. 



Escena 8: Jerusalén, la esposa

{new heaven and new earth}

Ilustraciones de Duncan Long


Nuevos cielos y nueva tierra (21:1)
La nueva Jerusalén (21:9)
El río de la vida (22:1)
Vengo pronto (22:7)
Advertencia (22:18)
Bendición final (22:20)

36. Nuevos cielos y nueva tierra (21:1)

(Ap. 21:1) Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. {2} Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. {3} Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. {4} Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron, {5} y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe: porque estas palabras son fieles y verdaderas. {6} Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le dará gratuitamente de la fuente de agua de la vida. {7} El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. {8} Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

El Génesis comienza con el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra. Aquí, en los dos últimos capítulos del último libro de la Biblia, encontramos un nuevo comienzo al hacer Dios todo nuevo. Hay muchos paralelos con los primeros capítulos de Génesis: hay un nuevo cielo y una nueva tierra, encontramos un manantial, un río y el árbol de la vida. Así como Dios trajo a Eva y se la presentó a Adán, aquí encontramos a la esposa descendiendo del cielo, vestida hermosamente para su esposo. Dios mismo mora con el hombre, así como caminaba con Adán en el fresco del día. Hay algunas diferencias: el hombre mora en una ciudad más que en un jardín. La descripción de un nuevo cielo y nueva tierra en donde vive la esposa finaliza con una descripción de la segunda muerte y aquellos que van ahí

Wilcock señala que hay una conexión cercana entre este pasaje, que actúa como resumen, y el resto del libro:

  1. 21:2=21:1--21 La ciudad de Dios - la nueva Jerusalén
  2. 21:3=21:22-27 La morada de Dios - la nueva Jerusalén
  3. 21:4, 5a=22:1-5 El mundo de Dios renovado - el río y el árbol de la vida
  4. 21:5b=22:6-10 La palabra de Dios validada - estas palabras son fieles y verdaderas
  5. 21:6a=22:11-15 La obra de Dios completada
  6. 21:6b, 7=22:16, 17 La bendición final de Dios
  7. 21:8=22:18, 19 La maldición final de Dios

Las bendiciones escatológicas de las bienaventuranzas también se encuentran en Ap. 21 y 22.

Mt. 5:3 - "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" cf. Ap. 21:1
Mt. 5:4 - "Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación" cf. Ap. 21:4
Mt. 5:5 - "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad" cf. Ap. 21:1
Mt. 5:6 - "Bienaventurados lo que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" cf. Ap. 21:26-27
Mt. 5:7 - "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia"
Mt. 5:8 - "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios" cf. Ap. 22:4
Mt. 5:9 - "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios" cf. Ap. 21:7
Mt. 5:10 - "Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos" cf. Ap. 21:1
Mt. 5:11 "Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. {12} Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros" (todo Ap. 21 y 22, cf. 2:8).

v. 1 - Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más - Esto sigue inmediatamente detrás de la escena del juicio donde el diablo, la bestia y el falso profeta, y todos cuyos nombres no estaban en el libro de la vida son consignados al lago de fuego y la tierra y el cielo huyen de Su presencia (20:11). Un nuevo cielo y una nueva tierra son prometidos por primera vez a Isaías en una descripción asombrosa en 65:17-25 y 2 Pedro 3:12, donde habla de la destrucción de la tierra y un nuevo cielo y tierra donde mora la justicia. El primer cielo se refiere a este universo actual, sin la tierra (cf. 2 Pedro 3:12). Este es un nuevo principio, así como en Gn. 1:1 Dios creó los cielos y la tierra, ahora hay una creación completamente nueva. La vieja creación ha sido liberada de su cautividad a la descomposición y ha sido traída a la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Rom. 8:19-22). La palabra "nuevo" (gr. kaine) significa nuevo en calidad, fresco, más que reciente o nuevo en tiempo (gr. neos) (Johnson). Esta tierra actual con su pecado, dolor y sufrimiento no es nuestra morada permanente. Vemos en esto y en secciones futuras la recompensa celestial para los que fueron perseguidos (Mt. 5:10-12).

v. 1 - y el mar ya no existía más - El mar es uno de siete males que Juan dice que ya no son más. Los otros son la muerte, el llanto, el clamor, el dolor (v. 4), la maldición (22:3), y la noche (22:5) (Morris). Ya no hay mar porque el mundo y la gente ya no so más (17:15). En Apocalipsis el mar está muy conectado a la gente del mundo y su juicio, así que no tiene lugar en el nuevo orden de las cosas. La bestia también sale del mar, haciendo que den vueltas los pueblos y naciones, es decir el fermento político (xxxx), y la prostituta se sentó sobre muchas aguas, representando a pueblos, multitudes, naciones y lenguas. El mar es también el recipiente de las plagas asociadas con la segunda trompeta y la segunda copa. Is. 57:20 compara a los malvados al mar embravecido que no puede descansar. El mar es la fuente de bestia satánica (13:1) y el lugar de los muertos (20:13) y no es apropiado para la nueva tierra (Johnson). Las tormentas, la muerte y la destrucción asociados con el mar no encajan con la calma y la paz de la Nueva Jerusalén, el paraíso de Dios. Que no haya ningún mar en el nuevo orden contrasta con el lago de fuego donde moran los malvados.

v. 2 - Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido - Esta es la segunda vez que encontramos una referencia a la Nueva Jerusalén como descendiendo del cielo, de Dios. La Nueva Jerusalén es mencionada por primera vez en 3:12, donde ser una parte permanente de ella (una columna) será la recompensa para los que vencen. Es aludida como la ciudad sin cimientos en Heb. 11:10-16 y Heb. 12:22-23. La Nueva Jerusalén es la ciudad celestial que estaba buscando Abraham (Heb. 11:10). Sin el resto de la iglesia él no sería perfecto (Heb. 11:40) ni podríamos serlo nosotros. La Nueva Jerusalén es una ciudad santa. Nada impuro entrará en ella (Is. 52:1, Ap. 21:27). La Ciudad Santa es una expresión para la Jerusalén terrenal (Neh. 11:1, Mt. 4:5, 27:53), pero en Apocalipsis la Jerusalén terrenal persigue a los santos (11:8). La Nueva Jerusalén es también el monte de Sion, la ciudad de Dios (Sal. 48, Is. 4:3, 35:8-10, 51:11, 60:14-22, Joel 3:17). En Gal. 4:25-26 Pablo comenta "mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre" y la contrasta con "la Jerusalén actual, pues ésta, junto con todos sus hijos, está en esclavitud."

La iglesia se menciona claramente aquí como la Nueva Jerusalén y como la esposa. En 19:7 la esposa se refiere a los santos. La iglesia es conocida como la esposa. En Ef. 5:25-27 las esposas deben amar a sus esposas, así como Cristo ama a la iglesia. Cristo es claramente el esposo. En 19:7 se refiere al casamiento del Cordero. Más adelante encontramos al Cordero entronizado dentro de la ciudad (21:3) y reinan por siempre jamás. Las vírgenes representan a la iglesia en la parábola de las diez vírgenes que están esperando al novio, que es Cristo (Mt. 25:1). La Nueva Jerusalén es descrita nuevamente como la novia, la esposa del Cordero, en 21:9-10. La iglesia tiene que salir del cielo de Dios, porque la iglesia fue Su idea desde el principio hasta el fin, y Él es el que la purifica y la prepara. La Nueva Jerusalén debe ser contrastada a la prostituta vestida de púrpura y escarlata que se sienta sobre la bestia, y es la ciudad mundana de Babilonia, que es de la tierra. Como novia está ataviada hermosamente para su esposo. En 19:8 encontramos que el lino fino, brillante y limpio, le fue dado para que use, lo que representa las obras justas de los santos. También encontramos más adelante que en la descripción de la Nueva Jerusalén ella brilló con la gloria de Dios (v. 11), está adornada con todo tipo de piedra preciosa (v. 19) y perlas (v. 21) y oro (v. 18). Hay un paralelo con Gn. 2:21-22, donde Eva fue hecha de la costilla de Adán y traída por Dios a Adán. Aquí encontramos a la iglesia, que fue formada por la sangre de Cristo, con su costado atravesado en la cruz. Ahora encontramos a Su novia viniendo de Dios, preparada para su esposo.

v. 3 - Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios - Esta voz es la de Dios que habla más adelante en v. 5. El versículo habla de la comunión íntima entre Dios y Su pueblo, una intimidad que todo el mundo anhela y que se ve más adelante cuando Sus siervos ven el rostro de Dios (22:4). Que Dios more con el hombre es el objetivo del evangelio, el cumplimiento del pacto de Dios con el hombre y Su plan de salvación. Lo lleva al hombre a antes de su caída (Gn. 3:8) cuando Dios y el hombre caminaban juntos en el jardín. Sólo que aquí Satanás no está presente para tentar a la humanidad. Es un nuevo comienzo a la vida que continuará por la eternidad sin la posibilidad de otra caída. La ciudad es la misma que ve Ezequiel en Ez. 48:35. El pacto para ser nuestro Dios se encuentra en muchos lugares de las Escrituras, comenzando con Abraham (Gn. 17:7) y encontrando su cumplimiento en Apocalipsis (Gn. 17:7, Ex. 20:2, Lev. 26:11-12, Dt. 5:2, Jer. 24:7, 30:22, 31:33, Ez. 11:20, 37:27, Zac. 10:10, 13:9, 2 Cor. 6:16, 1 Tes. 4:17, 5:10). Hay un juego de palabras aquí con la morada (gr. skene) de Dios y "él morará con ellos" (skenoo), porque skenoo es la forma verbal de skene. Además, la palabra morada es traducida normalmente como tabernáculo, lo que aludía al tabernáculo terrenal donde se suponía que moraba Dios. El cielo ha venido a la tierra. Dios morará con el hombre en la nueva tierra.

v. 4 - Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron - Así como Él vive con Su pueblo, Él podrá enjugar cada lágrima de sus ojos. Esté versículo ha tocado una cuerda en el pueblo de Dios a lo largo de las edades. Habla del ser más profundo del hombre. Lloramos en esta vida, pero en la próxima vida Dios mismo enjugará nuestras lágrimas, así como una madre limpia las lágrimas de su hijo. La maldición del dolor (Gn. 3:17) y la muerte (Gn. 2:17) han sido revocados. Es el cumplimiento de Is. 25:8, 35:10, 51:11, 65:19. El viejo orden de dolor y sufrimiento han pasado al desaparecer la vieja tierra y el viejo cielo (2 Pedro 3:12-13). El nuevo cielo y la nueva tierra será el hogar de la justicia y ya no habrá dolor más muerte ni dolor. Esto es una reformulación de Ap. 7:15-17 en términos negativos. La inversa de estos negativos será la vida, el gozo, la risa y la alegría eternos.

v. 5 - y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe: porque estas palabras son fieles y verdaderas - Dios está haciendo todo nuevo, así como hace una nueva tierra y un nuevo cielo (v. 1). Todo es nuevo; un nuevo cielo y una nueva tierra, pero es distinto a la situación del Edén porque ya no está Satanás para tentar a la humanidad. La tierra será poblada con personas que han escogido la justicia ante el mal. El pueblo de Dios ha sido comprado con la sangre de Jesús. Is. 65:17 nos dice que "de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento". El viejo orden de las cosas ha pasado completamente hasta de nuestras memorias. Dios hace esta declaración y le dice a Juan que escriba las próximas declaraciones porque las palabras de Dios son fieles y verdaderas (cf. 14:4, 19:9, 22:6). Este nuevo orden de creación es tan bueno que vale la pena morir por él en esta vida (1 Cor. 15:19), porque hay una vida mejor después de la muerte para los santos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida. Se quiere que entendamos que este mundo, con su dolor y sufrimiento, no durará para siempre. Hay algo mejor para esperar.

v. 6 - Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le dará gratuitamente de la fuente de agua de la vida - "Hecho está": el plan redentor de Dios está completado, así como Jesús dijo "Consumado es" cuando completó Su obra redentora. Él ha restaurado todas las cosas a su lugar debido. Todas las causas del mal han sido tratadas y la justicia reina. De la misma forma que completó Su obra de creación en el séptimo día (Gn. 2:2), ahora ha completado Su obra de restauración. Contraste el uso de las palabras "hecho está" (gegonan) con su uso en relación al juicio en 16:17 (Johnson). Él es el Alfa y la Omega, el principio y el fin (Is. 44:6). Esta es la segunda vez que se usa esta expresión. La primera vez fue en 1:8, "Yo soy el Alfa y la Omega", y la última en 22:13, "Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último". En la primera declaración sólo de declara esta verdad; en la segunda vez es repetido dos veces de una forma distinta; la tercera vez, se lo repite tres veces en distintas formas. El agua de la vida es gratis; esta es la gracia libre de Dios, que se repite más adelante en 22:17. Esto es un alivio bienvenido en un libro tan lleno de juicio, pero nos recuerda la disposición de Dios para cualquiera que quiere un lugar en la nueva tierra Él está dispuesto a dárselo libremente (Rom. 8:32). Al que está sediento, Dios satisfará esa sed del agua de la vida. Esto se promete también en Is. 55:1-3. Hay una alusión aquí al agua que regaba la tierra en Gn. 2:6. El versículo reitera lo que ya ha sido dicho en 7:17, donde "el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos". Mientras Jesús estuvo sobre la tierra Él les prometió a los sedientos que venían a Él y creyeron en Él que ríos de agua vida saldrían de dentro de ellos (Jn. 4:14, 7:37-39). Estaba hablando del Espíritu Santo que sería derramado sobre ellos en Pentecostés (Hch. 2:33). Mientras que el libro nos está mostrando aquí a la iglesia en su estado ideal en el cielo, es también cierto que el Espíritu Santo es dado al individuo como garantía o adelanto de su herencia (Ef. 1:13-14) en el cielo (1 Pedro 1:4). Más adelante en el libro el manantial se vuelve el río del agua de la vida (22:1). Así como el dador del agua de la vida vive por siempre, así pasará con el receptor. El árbol de la vida por el cual el hombre podría vivir por siempre está regado por el río de la vida (22:2, cf. Gn. 3:22).

v. 7 - El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo - El que venciere es el título del pueblo de Dios. Ver la herencia de siete partes del los vencedores en las siete cartas a las siete iglesias. Aquellos que vencen, como Jesús venció (3:21), heredarán todo esto, refiriéndose a los seis versículos anteriores, en contraste con lo que heredan los cobardes en el próximo versículo. La herencia es mencionada muchas veces en el Nuevo Testamento (Ef. 1:14, Col. 3:32, Stg. 2:5, 1 Pedro 1:4). Aquí, en la segunda parte del versículo, hay una referencia a ser hijo, lo que enfatiza la relación personal entre el creyente y Dios. Dios estableció su pacto con Abraham para ser su Dios y el Dios de sus descendientes (Gn. 17:7). Si pertenecemos a Cristo somos descendientes de Abraham y herederos de la misma promesa (Gal. 3:29). Esto encuentra su cumplimiento final en Apocalipsis (Mounce).

v. 8 - Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda - Note el contraste de los cobardes que están en el lago de fuego con los vencedores del versículo anterior (ver también los vencedores en 2:11), que tienen el derecho de beber de la fuente del agua de vida (ver también el río de vida en 22:1). Los cobardes son también los que no se arrepintieron cuando fueron afligidos por las primeras plagas de las trompetas (9:20-21). Compare esta lista de pecadores con la de Pablo en 1 Cor. 6:9-19 y Gal. 5:19-21. Son los impuros que nunca entrarán en la Nueva Jerusalén. Sólo los que están en el libro de la vida del Cordero pueden entrar (21:27). La intención es contrastar la segunda muerte con la vida eterna de los que beben del agua de la vida. Sólo los que están en el libro de la vida del Cordero evitan la segunda muerte (20:14-15). Es el opuesto a la experiencia de los vencedores en v. 4. La segunda muerte es un lugar de muerte, llanto, dolor y lágrimas. Debe notarse que el plan de redención de Dios ha hecho posible para los hombres evitar la segunda muerte a través de la muerte representativa de Jesucristo. El infierno fue creado para el diablo y sus ángeles, pero al final Apocalipsis deja en claro que los hombres adoran a Dios o al diablo a través de sus secuaces. Aquellos que adoran al diablo y siguen sus caminos como se detalla en este versículo se unirán a él inevitablemente. En particular, de esta lista los dos rasgos que más caracterizan al diablo son asesino y mentiroso (Jn. 8:44). En 13:14 encontramos a la bestia de la tierra engañando a los habitantes de la tierra, y en 20:8 encontramos al diablo engañando a las naciones.

37. La nueva Jerusalén (21:9)

(Ap. 21:9) Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. {10} Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, {11} teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. {12} Tenía un muro grande y alto con doce puertas: y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; {13} al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. {14} Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. {15} El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. {16} La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. {17} Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel. {18} El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; {19} y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; {20} el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. {21} Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio. {22} Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. {23} La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. {24} Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. {25} Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. {26} Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. {27} No entrará a ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.

La esposa fue descrita antes (21:2) y es descrita ahora con mayor detalle. La novia, la Nueva Jerusalén, la Iglesia, es la ciudad santa porque el pueblo de Dios es un pueblo santo. Acá vemos a la Iglesia como Dios la ve en su forma completa final. Cuando Cristo aparezca la verdadera gloria de la iglesia será revelada. Ver Col. 1:27, 3:4 para una descripción de la iglesia como Dios la ve. La Nueva Jerusalén es la ciudad de Dios donde Dios mismo vive junto con el Cordero y Su pueblo. Algunos ven que esto se relaciona con el iglesia en su forma ideal ahora más que en el futuro (Milligan). Sin embargo, el pasaje anterior describe un nuevo orden de cosas que va en contra de su argumentación. También la Nueva Jerusalén describe las recompensas para aquellos que vencen en las siete iglesias, lo cual es claramente futuro. Sin embargo, la iglesia ahora es la esposa en preparación, mientras que acá vemos a la esposa completamente preparada y, por lo tanto, perfecta, sin mancha ni arruga. Deberíamos esperar ver aspectos de la Nueva Jerusalén que son verdaderos en la iglesia idealmente ahora. Deberíamos notar también que no hay ninguna mención acá ni de los seres vivientes ni de los ancianos que fueron mencionados por última vez en 19:4, cuando fue juzgada la gran prostituta. Si los ancianos simbolizan la iglesia ideal, entonces no hay ninguna necesidad de ellos acá porque la iglesia glorificada es descrita como la nueva Jerusalén.

v. 9 - Vino entonces a mí uno d elos siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero - Éste es supuestamente el mismo ángel que le mostró a Juan el castigo de la gran prostituta (17:1) y que ahora le muestra a Juan la novia y su herencia, en contraste con el castigo de la prostituta. Ya hemos visto en v. 2 que la esposa es presentada como la "la santa ciudad, la nueva Jerusalén desciende del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido". Aquí el esposo es presentado como el Cordero. Ahora se nos mostrará la esposa con mayor detalle. La esposa del Cordero contrasta con la prostituta que se sienta sobre la bestia.

v. 10 - Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios - Juan es llevado en el Espíritu a un monte grande y alto para conseguir una nueva perspectiva de la esposa, y ve a la Nueva Jerusalén descendiendo del cielo y de Dios (3:12, 21:2) Compara esto a cuando fue llevado en el Espíritu para ver a la mujer sobre la bestia (17:3). Estaba también en el Espíritu en 1:10 y 4:2. Ezequiel tuvo una experiencia similar a Juan cuando fue llevado a una montaña muy alta donde vio algunos edificios que parecía como una ciudad y vio a un hombre con una vara de medir (Ez. 40:1 ff.). Mucho de la visión de Juan en Ap. 21 y 22 contiene detalles que se encuentran en Ezequiel 40-48. La esposa es la Nueva Jerusalén. En contraste, Juan vio a la prostituta desde la perspectiva de un desierto. Que Juan sea llevado a una gran montaña para ver a la Nueva Jerusalén enfatiza la grandeza de la Nueva Jerusalén. La Nueva Jerusalén es llamada la "ciudad de Dios" en 3:12. En Heb. 12:22 dice que hemos venido "al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo". La montaña es probablemente una alusión al monte Sion, uno de los montes sobre los que está construida Jerusalén y desde donde uno puede ver la ciudad.

La idea de la ciudad es que es la comunidad de los elegidos de Dios, en contraste con la comunidad del mundo. Otra metáfora del Nuevo Testamento para la iglesia es una casa o edificio en donde mora Cristo (Ef. 2:19-22, 1 Pedro 2:4-5, Heb. 3:6), siendo la idea que la iglesia es el hogar o familia de Dios (1 Tim. 3:15, Gal. 6:10, Ef. 3:14-15, 1 Pedro 4:17). En la enseñanza del Nuevo Testamento hay mucho énfasis en cómo el pueblo de Dios debería comportarse unos con otros: estar dedicados unos a otros (Rom. 12:10), honrarse unos a otros (Rom. 12:10), vivir en armonía unos con otros (Rom. 12:16), amarse unos a otros (Rom. 13:8), aceptarse unos a otros (Rom. 15:7), servirse unos a otros (Gal. 5:13), perdonarse unos a otros (Col. 3:13), alentarse unos a otros (1 Tes. 5:11), etc.

v. 11 - teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal - El jaspe hace recordar la descripción de Dios sobre Su trono en 4:3. La Nueva Jerusalén, que es la Iglesia, brilla con la gloria de Dios porque Dios está en ella (ver v. 22, 23). La gloria de Dios resplandeciendo sobre Su pueblo es descrita en Is. 58:8 y 60:1. Is. 61:10 se refiere al creyente como la esposa que se adorna a sí mismo con joyas (ver también la descripción de la ciudad en vs. 19-21.

v. 12 - Tenía un muro grande y alto con doce puertas: y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel - Las puertas son guardadas por ángeles (Is. 62:6) y muros altos para que nada impuro pudiera entrar (v. 27) y comer del libro de la vida, así como el libro de la vida fue guardado por ángeles después que cayó Adán (Gn. 3:24). El gran muro alto es similar al efecto de gran abismo que separa a los justos de los malos (Lc. 16:26). Esta descripción de la ciudad viene de Ez. 48:30-35. Aquí están los nombres de las doce tribus de Israel sobre las puertas, que representan a la iglesia del Antiguo Testamento. La salvación viene de los judíos (Jn. 4:22) y en forma suprema de Jesús, que nació como judío y es la puerta para las ovejas (Jn. 10:7). La salvación es para los judíos (Jn. 4:22). La única forma de entrar a la ciudad es a través de la puerta y Jesús es la puerta (cf. la perla en v. 21). Dios ha preparado la Nueva Jerusalén para los santos del Antiguo Testamento como Abraham, que "anhelaba una patria mejor, esto es, celestial" (Heb. 11:13-16). Más adelante en v. 14 vemos que los cimientos tienen los nombres de los doce apóstoles sobre ellos. Muestra que la iglesia está compuesta de los santos del Antiguo Testamento (judíos) y del Nuevo Testamento (gentiles).

v. 13 - al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas - Ver la descripción similar dada por Ezequiel (Ez. 48:30-35, "el nombre de la ciudad desde aquél día será Jehová-sama [Jehová allí]"). Es su morada. Estas puertas tenían también los nombres de las doce tribus de Israel sobre ellas. Las puertas se enfrentan entre sí en cada una de las cuatro direcciones cardinales, indicando que los que están dentro vienen de todas partes de la tierra (cf. 5:9, 7:9, 21:26).

v. 14 - Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero - Note el paralelo llamativo con Ef. 2:19-22, la iglesia, edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, y "en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor". La nueva Jerusalén es la concreción de este versículo. La Nueva Jerusalén es a la vez el Antiguo Testamento (doce tribus de Israel, v. 12) y la iglesia del Nuevo Testamento (edificado sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, v. 14) edificada para ser la morada en donde vive Dios (Ef. 2:22). La iglesia se ha convertido en una, tanto gentil como judía, cumpliendo Ef. 2:15. Los santos del Antiguo y Nuevo Testamento, como oró Jesús (Jn. 17:23).

v. 15 - El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro - En 11:1 a Juan se le dio una vara para medir y se le dijo que midiera el templo de Dios y contara los adoradores que estaban ahí. Se le dijo que no midiera el patio exterior porque había sido dado para los gentiles que pisotearían la ciudad santa por 42 meses. En la descripción de la Nueva Jerusalén que es la ciudad santa (21:2) las puertas tienen los nombres de las doce tribus de Israel y los cimientos tienen los nombres de los doce apóstoles. No tiene ningún templo porque Dios y el Cordero son su templo (21:22). Podemos ver ahora que la medición anterior era para medir o contar a los santos. La medición aquí indica la perfección y forma de la Nueva Jerusalén. El oro de la vara para medir indica el costo y la pureza de la Nueva Jerusalén.

v. 16 - La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales - Note que el único otro cubo en la Biblia era el Lugar Santísimo, en el templo de Salomón, que estaba cubierto de oro (1 Reyes 6:20), "El lugar santísimo... tenía veinte codos de largo, veinte de ancho, y veinte de altura; y lo cubrió de oro purísimo; asimismo cubrió de oro el altar de cedro". La ciudad es cuadrada como la ciudad descrita por Ezequiel (Ez. 48:30-35), cuyas doce puertas tenían los nombres de las tribus de Israel (Rubén, Judá, Leví, José, Benjamín, Dan, Simeón, Isacar, Zabulón, Gad, Aser y Naftalí), cada uno con tres puertas. El nombre de la ciudad es JEHOVÁ ALLÍ, cf. 21:3, 21:22, 22:3, en donde Dios morará con Su pueblo. Ez. 43:16 también describe el hogar del altar como doce codos cuadrados por doce codos. La medición del templo en 12:1 fue también una especie de censo porque se le dijo que contara los adoradores que estaban allí. Aquí encontramos otra medición que da la cantidad de 12.000, lo que también ocurre en el censo de las doce tribus en 7:5. Las dimensiones aquí, 12.000 estadios de largo, ancho y altor enfatiza que es completamente perfecto. Horton hace la observación interesante que si estas mediciones fueran tomadas literalmente tendrían lados de 2200 km de largo y si contuviera veinte mil millones de personas cada uno tendría un espacio cúbico de 800 m de largo.

v. 17 - Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel - El equivalente más cercano son los 144.000 en Ap. 7:4. Es decir 12 x 12, que es el equivalente al Antiguo Testamento x Nuevo Testamento. Esto enfatiza una vez más la naturaleza completa de la iglesia.

v. 18 - El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio - El oro refleja la pureza y el valor de la Iglesia. Es transparente como el vidrio, para que la gloria de Dios pueda brillar a través de la ciudad. El jaspe representa la gloria de Dios (21:11). Semejante al vidrio limpio enfatiza la falta de imperfecciones o defectos, es decir la santidad de la iglesia (cf. Ef. 5:27).

v. 19 - y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa - En v. 14 los cimientos tenían los nombres de los doce apóstoles sobre ellos. Aquí están decorados con piedras preciosas (Is. 54:11). El templo de Salomón también estaba adornado con piedras preciosas (2 Cr. 3:6). El efod que el sumo sacerdote usaba estaba decorado con cuatro filas de tres piedras preciosas (Ex. 28:21), uno por cada una de las doce tribus. Cada una tenía el nombre de la tribu grabada sobre ella, y esto era para recordarle que estaba haciendo de mediador por cada una de las doce tribus. Así que no sólo los cimientos tienen los nombres de los doce apóstoles sobre ellos, sino que también tienen los nombres de las doce tribus, indicando la naturaleza completa de la iglesia. Las piedras preciosas aquí y las perlas y el oro en v. 21 pueden ser contrastados con la mujer resplandeciente con oro, piedras preciosas y perlas (17:4). Una es una esposa fiel; la otra, una prostituta adúltera.

v. 19-20 - y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; {20} el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista - Los signos del zodíaco tienen exactamente estas piedras asociadas, pero en el orden inverso.

v. 21 - Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio - Las perlas son objetos de gran precio pero también son hechas a través del sufrimiento del molusco. La idea es que la única forma de entrar en la ciudad es a través del sufrimiento de Cristo en la cruz. Jesús se llama la puerta en Jn. 10:7-11. No hay otra forma de entrar a la ciudad; los muros son demasiado altos. La Gran Calle de la Nueva Jerusalén se menciona también en 22:2 y a lo largo de la calle fluía el río del agua de la vida. La gran calle está en contraste con la calle de la gran ciudad done yacen los cuerpos de los dos testigos (11:8). En el templo de Salomón los sacerdotes caminaban sobre oro (1 Reyes 6:30).

} y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; {20} el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. {21} Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio. {22} Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. {23} La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.

v. 22 - Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero - La forma terrenal del templo ya no es necesario porque Dios mismo morará con Su pueblo (21:3). Dios vivirá con, y caminará entre, sus santos. Vemos aquí la concreción de 2 Cor. 6:16, "Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo" y una realización literal de Ef. 2:22, "en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu". Esto muestra que hemos dado toda la vuelta desde Génesis, cuando Dios caminaba con Adán, el tabernáculo en el desierto, el templo de Salomón, y el templo dentro del individuo, hasta Dios morando de nuevo con el hombre. La fe se ha convertido en ver (alabado sea el Señor).

v. 23 - La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera - Contraste la luz aquí con la caída de Babilonia la prostituta, "luz de lámpara no alumbrará más en ti" (18:23). Esta idea se encuentra en Is. 60:19 y es repetida más adelante en Ap. 22:5. La gloria de Dios se ve a través de Jesús que es la lámpara, el resplandor de la gloria de Dios (2 Cor. 4:4, Heb. 1:3). La idea del Cordero como su lámpara viene de la imagen de la iglesia como un candelero (1:20). Jesús es la lámpara, la iglesia es la portadora de la lámpara, mostrándolo a Jesús al mundo. Nota: la palabra usada para lámpara acá y en 18:23 y 22:5 es luchnos, que es una lámpara portátil (usa aceite y mecha) normalmente puesta en un soporte (gr. luchnia) que es traducido como candelero y usado para las siete iglesias y los dos testigos (11:4). Compare con Mt. 5:15, "ni se enciende una luz (luchnos) y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero (luchnia) y alumbra a todos los que están en la casa". Jesús es la verdadera luz (Jn. 1:9) y es la luz de la nueva Jerusalén (ver Jn. 8:12).

v. 24 - Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella - Los ciudadanos de la ciudad de Dios son descritos ahora. Este versículo es una referencia a Is. 60:33 (ver también Sal. 72:10). Los redimidos vienen de toda nación (7:9) así que se mencionan naciones acá. Esto no debe ser tomado para implicar el universalismo que va en contra de todo el tenor del libro. Sólo la gloria y honor de las naciones serán traídos (21:26). Todo lo que es impuro no entrará (21:27).

v. 25 - Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche - Normalmente las puertas de una ciudad se cierran de noche para proteger a sus habitantes. Hay un día continuo por la presencia continua del Cordero, así que no habrá noche y habrá una seguridad perfecta (Is. 60:11, Zac. 14:11). Las puertas son guardadas por ángeles para impedir que entre nada impuro (21:12). Hay una seguridad perfecta ya que no habrá ladrones (Mt. 6:20). Estos estarán fuera de la ciudad.

v. 26 - Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella - Como en el verso anterior, la idea viene de Is. 60:11, "tus puertas estarán de continuo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a ti sean traídas las riquezas de las naciones, y conducidos a ti los reyes". Ver también Rom. 2:7 donde dice "vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad". En contraste, nada impuro entrará (v. 27).

v. 27 - No entrará a ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero - El nuevo cielo y la nueva tierra será un hogar de justicia (2 Pedro 3:12-13). Los malos no entrarán (Is. 52:1, 35:8-10). Esto está de acuerdo con la enseñanza de Pablo de que los malos no heredarán el reino de Dios (1 Cor. 6:9, Gal. 5:19). Sólo aquellos que lavan sus vestiduras tienen el derecho de entrar por las puertas de la ciudad (22:14), es decir los que han sido limpiados por la sangre de Jesús. Aquellos que están en el libro de la vida del Cordero son los que han vencido (3:5) y no han tenido sus nombres borrados del libro de la vida. Hay ángeles en las puertas y grandes muros altos para evitar que lo impuro entre en la ciudad (21:12). En contraste a los impuros que nunca entrarán en la ciudad, los seguidores del Cordero en 14:4-5 se mantuvieron puros; no se encontró mentira en sus labios. Son irreprensibles.


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