Introducción
Desde la era de la MayorÃa Moral y el crecimiento de la llamada "derecha religiosa", ha habido un debate constante dentro de la comunidad cristiana sobre cómo definir la correcta relación entre los cristianos y la cultura estadounidense contemporánea. A muchos creyentes, la enseñanza de que los cristianos deben "estar en el mundo pero no ser de él" les resulta difÃcil de interpretar y aplicar a su vida cotidiana.
Parte de nuestro problema al relacionarnos con nuestra cultura está en identificar una metáfora correcta para los Estados Unidos de hoy. Algunos lo ven como un nuevo Israel, una nación que Dios ha bendecido providencialmente, una nación que es especial para Dios de una forma que no lo son otras naciones. Cuando se los presiona, pocos llegan a decir que Estados Unidos ha reemplazado al Israel del Antiguo Testamento, pero muchos ven a este paÃs como una nación caracterÃsticamente cristiana. Si bien uno no puede descartar la poderosa influencia que ha tenido el pensamiento cristiano en este paÃs, esta perspectiva de Estados Unidos plantea algunas preguntas difÃciles.
Por ejemplo, ¿cómo deberÃan responder los creyentes cuando una mayorÃa de estadounidenses rechaza la cosmovisión cristiana con relación a asuntos morales especÃficos, como el aborto o los derechos de los homosexuales? ¿Hasta dónde debemos llegar para mantener una sociedad cristiana? Muchos ahora creen que estamos confrontados con el dilema de vivir en unos Estados Unidos mayormente poscristianos, y que pronto ya no tendremos el poder polÃtico para promulgar legislación que impulse nuestros puntos de vista.
Unos pocos ya han cedido a la tentación de responder violentamente cuando el sistema legal no logra promover una norma bÃblica, produciendo médicos abortistas muertos y bombas que explotan fuera de bares para homosexuales en el nombre de Cristo. Su razonamiento es que, si Dios ordenó que la Tierra Prometida fuera purgada de adoradores de Baal y su cultura pecaminosa por la fuerza, la violencia se justifica hoy en EE.UU. para quitar sus prácticas pecaminosas.
A los cristianos parece casi sorprenderles encontrar pecado en Estados Unidos, o descubrir que nuestra cultura podrÃa seguir la senda de naciones europeas que habÃan estado influidas previamente por la verdad bÃblica. Algunos actúan como si Dios hubiera prometido que los Estados Unidos estarÃan exentos de las tentaciones mundanas. Aun cuando la vasta mayorÃa de los cristianos no acumulan armas ni planean una revolución violenta, algunos de nosotros nos enojamos y nos paralizamos ante la forma en que Estados Unidos ha cambiado a lo largo de las últimas décadas.
En vez de ver a EE.UU. como el nuevo Israel, podrÃa ser más útil verlo como una moderna Babilonia. Los cristianos en Estados Unidos deberÃan ver un reflejo de ellos en Daniel, que se encontró exiliado en Babilonia y teniendo que vivir en una cultura extraña que era a menudo hostil a su fe. O tal vez deberÃamos sentirnos identificados con el apóstol Pablo, que plantó iglesias y discipuló a futuros lÃderes bajo el cruel y tiránico gobierno romano.
Consideremos lo que significa vivir una vida digna del llamado que tenemos en Cristo en los Estados Unidos de hoy, y busquemos entender mejor la exhortación a "estar en el mundo pero no ser de él".
Forasteros y extranjeros
En su nuevo libro, Standing for Christ in a Modern Babylon (Defendiendo a Cristo en una Babilonia moderna) , Marvin Olasky sostiene que, si hemos de tener una influencia en la cultura que existe en Estados Unidos hoy, tenemos que vernos más como Daniel en Babilonia que como Josué tomando la Tierra Prometida. Estados Unidos es muy diferente de la situación de Josué. El antiguo Israel era una teocracia establecida y creada por Dios para un pueblo que habÃa hecho un pacto con Él para vivir de acuerdo con la Ley Mosaica y estar separado de otras culturas. Estados Unidos no es ni una teocracia ni una tierra prometida. Si bien este paÃs se benefició de la participación de hombres piadosos e ideales bÃblicos durante su fundación, es una república que deriva su derecho de gobierno de su pueblo. Al dejar el pueblo de sostener fuertes convicciones cristianas, lo mismo ha ocurrido con sus instituciones.
Olasky describe a los Estados Unidos de hoy como un parque temático de la libertad, señalando que es idolatrado por el resto del mundo como un paÃs que promueve una libertad personal casi ilimitada sin ningún requisito de virtud en proporción. Claramente integra el "mundo"o cosmos que los escritores del Nuevo Testamento Juan, Pablo y Santiago nos advierten que es contrario al evangelio de Cristo. Con relación a este "mundo", Santiago escribe: "¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios" (Santiago 4:4). Ser amigo del mundo es estar de acuerdo con un sistema de valores que representa el mundo. Esta cosmovisión se rehúsa a reconocer el papel de Dios como creador y sustentador del universo, y rechaza la estructura moral que Él hizo que formara parte de su existencia. También rechaza la necesidad de un salvador. No es que ya no quede apoyo para la virtud cristiana en Estados Unidos, sino que el conjunto de valores predominante que se encuentra en nuestras principales instituciones ya no refleja una cosmovisión bÃblica.
Si se les pregunta, la mayorÃa de los creyentes estarÃa de acuerdo en que la vida en la tierra aquà es principalmente un lugar para prepararnos para la próxima vida. El Nuevo Testamento brinda un cuadro claro de lo que deberÃa caracterizar a nuestra relación con el mundo. En 1 Pedro 2:11, 12 se nos dice: "Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos en este mundo, que se aparten de los deseos pecaminosos que combaten contra la vida. Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el dÃa de la salvación".
Nuestra vida aquà en Estados Unidos, o donde Dios nos coloque, debe caracterizarse por la conciencia de que el mundo, tal como existe, no es nuestra morada eterna. Nuestro afecto por las cosas de este mundo deberÃa disiparse, y nuestro deseo de construir el reino de Dios deberÃa crecer, porque nos hemos convertido en "conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios" (Efesios 2:19).
Embajadores de Cristo
Los cristianos sinceros y bienintencionados gastan una energÃa considerable en convertir a Estados Unidos en una nación más recta. Su sueño es usar el poder polÃtico para transformar la cultura y las instituciones estadounidenses en una sociedad que se convierta en un faro de la justicia y la compasión de Dios. Otros han perdido las esperanzas en Estados Unidos, y consideran que la separación de su cultura mundana es la única respuesta cristiana adecuada, y vuelven su espalda al proceso polÃtico asà como a las artes y al entretenimiento que ofrece. Muchos cristianos viven en un estado de tensión constante entre el reino celestial de Dios y el reino terrenal en que Dios los ha colocado. Sobrellevan una doble ciudadanÃa que parece tironearlos en dos direcciones opuestas.
El problema para los cristianos que esperan transformar la sociedad estadounidense es que, si bien la Biblia nos dice mucho acerca del tipo de cultura que debe existir dentro de la iglesia, nos dice poco acerca de qué tipo de cultura debe existir fuera de ella. El Nuevo Testamento no alienta a los creyentes a luchar para una reforma polÃtica o aun por la libertad religiosa dentro del sistema polÃtico romano de ese tiempo. Hay muchos pasajes que usan la expresión "unos a otros", que describen cómo un creyente debe relacionarse con otro creyente, y hay lugares donde se nos dice que oremos por nuestros lÃderes polÃticos y que obedezcamos las leyes de nuestro paÃs. Pero se dice poco acerca del tipo de instituciones polÃticas o sociales que deberÃan ser apoyados por los cristianos. Más allá de trabajar por la justicia y la dignidad humanas de una forma general, ¿cómo deberÃan los cristianos relacionarse con la sociedad actual en la que vivimos?
Una clara enseñanza bÃblica para todos los creyentes es que debemos ser embajadores de Cristo. Algunos podrÃan ser llamados por vocación a la polÃtica, a las artes o aun al mundo del entretenimiento, pero cada uno de nosotros puede y debe ser un embajador del reino de Dios donde sea que Él nos coloque e independientemente de los dones que nos ha dado como individuos. Para hacer esto bien, los embajadores deben ser conocedores del mensaje y el programa de nuestro soberano. 2 Corintios 5:18-20 dice que hemos recibido el mensaje de la reconciliación, y que Dios nos está usando para apelar a nuestros vecinos para que sean reconciliados con Dios a través de la fe en Jesucristo.
Todos nosotros deseamos ver a nuestra cultura transformada en un reflejo de la verdad, la justicia y la misericordia de Dios. Sin embargo, también necesitamos reconocer el papel de la providencia, tanto en los tiempos como en la extensión de cualquier avivamiento cultural futuro. Estados Unidos ha experimentado avivamientos en el pasado, y Dios ciertamente ha usado a personas y organizaciones para realinear nuestra cultura con su carácter. Pero, en última instancia, los tiempos y la forma del avivamiento están en manos de Dios, y será realizado por aquellos que se ven a sà mismos como embajadores que halan de Cristo, y no como un rey David que gobierna sobre el trono de Dios en Estados Unidos.
El mandato de JeremÃas
Usando la metáfora de los creyentes en Babilonia, podrÃa ser útil leer cómo el profeta JeremÃas dijo que debÃan vivir los hijos de Israel entre los paganos de ese tiempo. Les dijo: "Construyan casas y habÃtenlas; planten huertos y coman de su fruto. Cásense, y tengan hijos e hijas; y casen a sus hijos e hijas, para que a su vez ellos les den nietos. MultiplÃquense allá, y no disminuyan. Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad" (JeremÃas 29:4-7).
Es significativo lo que JeremÃas no dijo que hicieran los judÃos mientras estaban en Babilonia. No se les dijo que establecieran el reino allÃ; no era el lugar ni el tiempo correctos. Tampoco se les dijo que usaran tácticas guerrilleras para derribar las estructuras polÃticas babilonias. Dios mismo, con el tiempo, crearÃa las condiciones para su liberación para reconstruir el templo y los muros de Jerusalén. En cambio, debÃan buscar la paz y la prosperidad de la ciudad a la que Dios los habÃa enviado, y orar a Dios por esto. Esto es muy similar al lenguaje que usa Pablo al escribir a Timoteo, cuando le dice que ore "por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna" (1 Timoteo 2:1, 2). Como mencionamos antes, Pedro dice que debemos "mantener entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el dÃa de la salvación" (1 Pedro 2:12). Dice literalmente que debemos vivir un "estilo de vida noble", para que los paganos vean nuestras buenas obras y lleguen a reconocer y dar gloria a Dios.
Lamentablemente, según encuestas recientes, los cristianos ya no son conocidos por su "estilo de vida noble". En una encuesta, George Barna descubrió que los "evangélicos" estaban casi al final de la lista de los segmentos de la población, con relación a las impresiones favorables o desfavorables, entre las lesbianas y las prostitutas.{1} A menudo estamos tan consumidos por nuestro desagrado con lo que hacen los incrédulos que no vemos las actividades de nuestra vida cotidiana en términos de ministerio. Cuando integremos a nuestra vida diaria una decisión de reflejar la imagen de Dios, ser mayordomos de su creación y amar a otros como nos amamos a nosotros mismos, comenzaremos a ver todas nuestras actividades como actos de adoración y de servicio a Dios. Como nos recuerda Pedro con relación a la madurez cristiana: "Porque estas cualidades, si abundan en ustedes, les harán crecer en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, y evitarán que sean inútiles e improductivos" (2 Pedro 1:8).
El lenguaje de la suma
¿Cómo defendemos a Cristo como embajadores suyos en Estados Unidos sin deprimirnos? PodrÃa ser útil preguntar cómo Pablo conservó la calma en Atenas mientras veÃa los distintos Ãdolos construidos para un panteón de dioses griegos y romanos, o cómo Daniel pudo funcionar en un gobierno babilonio pagano que "se ha deshecho en alabanzas a los dioses de oro, plata, hierro, madera y piedra, dioses que no pueden ver ni oÃr ni entender" (Daniel 5:23). Ambos hombres probablemente tuvieron que recurrir a Dios a menudo, aquietar su alma y de vez en cuanto encontrar alguna satisfacción en la cultura en la que Dios los habÃa colocado, mientras se daban cuenta todo el tiempo que es Dios, en última instancia, quien cambia culturas trabajando a través de personas defectuosas pero redimidas.
Marvin Olasky señala en Standing for Christ in a Modern Babylon el enfoque impráctico que suelen tener los cristianos en el uso de la censura, los boicots o la legislación para eliminar el comportamiento pecaminoso de la sociedad estadounidense. Escribe: "'Tú debes hacer tal cosa porque Dios lo dice' conduce a miradas vacÃas o incrédulas . . ."{2}Agrega: "Debemos entender que, en el parque temático de la libertad estadounidense, no podemos eliminar lo negativo; asà que nuestra opción realista es enfatizar lo positivo".{3} Una nación que ha elevado la tolerancia y la elección al tope de sus virtudes tiene muchas más probabilidades de responder a alternativas morales positivas que a la corrección.
Asà como Pablo ofreció una alternativa a los dioses de Atenas, tenemos que estar preparados para sugerir una alternativa cristiana a los puntos de vista que sostienen los no creyentes en Estados Unidos. Al igual que los embajadores eficaces en todas partes, tenemos que entender los temas del dÃa y responder de una forma que esté a tono con la cultura.
Cuando P.E.T.A. (People for the Ethical Treatment of Animals - Personas por el Ética en el Trato de los Animales) y otros exaltan los derechos de la "especie del mes", mientras no dicen nada acerca de la muerte de los niños no nacidos, tenemos que sugerir el punto de vista de que los niños son muchÃsimo más preciosos que los pollos, los perros y los gatos. Cuando el esplendor y la maravilla de la sexualidad humana son torcidos y pervertidos de formas novedosas, tenemos que estar listos para ofrecer los beneficios y la belleza de las uniones heterosexuales monógamas para ambos cónyuges y sus descendientes. Cuando alguien sostiene que la moral es subjetiva y que la anarquÃa es una respuesta razonable, debemos estar preparados para ofrecer un retrato de cómo las virtudes reveladas bÃblicamente pueden beneficiar a la sociedad. Usando el lenguaje de la suma encontrará muchos más oÃdos atentos en Estados Unidos que el lenguaje de los boicots, la censura y la ira.
La razón última para ser un embajador eficaz, y para la apologética, es mejorar las probabilidades de que el evangelio sea escuchado y recibido. Nuestra misión no es meramente reducir el pecado sino ser modelos de Cristo, para que las personas lleguen a conocer y aceptar el maravilloso mensaje de que "en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados . . . para que en él recibiéramos la justicia de Dios" (2 Corintios 5:19, 21).
Notas
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- Marvin Olasky, Standing for Christ in a Modern Babylon (Wheaton, Ill:, Crossway Books, 2003), 23.
- Ibid.
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Traducción: Alejandro Field